miércoles, 25 de abril de 2012

TRASCENDENCIA


I.- PROFECÍA

La que ilumina la noche revive
Las horas del susurro que la brisa
Retuviera aladas. Y en su risa,
Ajena a la sombra, la luz sobrevive
-Derramándose tibia por el declive
Del firmamento, tornando la prisa
Más dulce en hallazgo, orlando precisa
Las aguas celestes-. Y aunque esquive
Tenaz, el crepúsculo, su presencia
-Que hoy emerge de la lluvia trazando
Una estela de hojarasca y caricias-
La veré renacer en la inocencia
De los días que, futuros, van dando
Cierto refugio a perfectas delicias…
(3-XII-’03)



II.- RESCATE

Llevas en tu aura –por don divino-
Las cenizas de vidas anteriores.
Y reinas herida. Los hondos colores
De la tierra se vuelven el camino
Que nos une. Y tu voz es el trino
De los vientos que salvan los horrores
De la distancia. Así, en tanto implores
A los astros que sellen un destino
Bordeado de fuegos, en tanto traigas
Con tu rubor el frenesí insondable
Que me ofrendaras, jamás habrá cielos
Que te abandonen. Porque ya arraigas,
Velada, más allá de lo soñable,
En mi alma oculta tras los hielos.
(4-12-03)




III.- NACIMIENTO

Existes. Emerges. Excitas esta
Diáspora de signos. También estrechas
Instantes, auroras. Insomne acechas
El crepúsculo y su rojiza cresta
De destellos. «Tal vez en la respuesta
Que el Arquero ha dado con sus flechas
De oráculo sobre almas deshechas,
El mundo renazca»: así se apresta
La flor en ti, a prodigar su aroma
Más dorado, el que impregne este sueño
Que labras, silente, con la certeza
Tenaz del milagro. Mientras asoma,
Sus pétalos encarna: yo soy dueño
De su espíritu, su fe y su belleza…
(5/6-12-03)


IV.- VENIDA

Manifiéstame –princesa del Aire
Y las mareas- tu faz encendida,
La que revelas a sombras y sátiros
En el portal inmenso de la Noche,
Que gobiernas. Invade estas ruinas
A tiempo, deshace con tu mirada
Los lazos inconfesables y el límite
De mi memoria. Trae entre rumores
El lento crujir de la hojarasca,
La danza áurea de los Arcanos,
Y cada risa con que hayas rozado
Los cielos efímeros. Ven y triza,
Por piedad, un arco iris, sobre esta
Playa fiel que promete refugiarnos.
(6-12-03)


V.- ALUMBRAMIENTO

Al amparo de esta quietud arribo
Como la Sombra se extiende benigna
Sobre la fuente. Te has ocultado
De mí y de las Horas. Has ido lejos.
Has convocado las lluvias certeras
A anegar el pasado que vacila
Bajo tus pies. Y nada ya nos ata
A la espesura. Y nada nos olvida.
Si en tu mirada se cierran las grietas
Que el dios abriera tan ebrio de azares,
Yo tentaré –anhelándote- el tiempo
Que se desprende gentil de las flores.
Hasta tejer augurios en tu Suerte
Y armonías en ciernes en tu alma…
(7-XII-003)


VI.- ENTRELAZAMIENTO

La noche trajo la lluvia y el lento
Deshojarse del adiós en la sombra.
También el trueno –que ya sólo nombra
Nuestras heridas. También el atento
Fulgor de las hogueras. Y hasta el viento
Supo por suerte tender una alfombra
De luz a nuestro paso. Y nada asombra
Más que este latido –ni el sentimiento
Que enciende los crepúsculos, ni el Hado
En que se inscriben nuestras sombras. Sólo
Nosotros, al fin, hallamos el cielo
Caído sobre este campo dorado.
Cielo caído, trofeo de Apolo,
Cúbrenos ya, ulterior, con tu velo.


VII.- RETORNO

Era azul el ayer -azul nevado
De Darío, azul inconfesable
Entre el eclipse y el eco-, amable
Deyanira. Azul era –y sagrado-
Cada reflejo sobre el escarpado
Mundo que regías. E insondable
Reías tu risa de sol, y afable
Traía tu voz el rumor alado
Del océano. Recuerdo tu aura
Fulgente, el silencio de tus manos,
El candor insomne de tu tristeza,
Mientras el dios al azar hoy instaura
La eternidad de todos sus arcanos
Y nos devuelve la fe y la belleza
(15-II-04)



VIII.- CRISÁLIDA

Vas haciéndome nacer, inaudita
Viajera que clausuras agonías
Y rumbos; y vas surcando los días
De plata, y quieres que el Siglo repita
Tus silencios. Mientras la Tierra grita
Milagros en su lengua de herejías
O truenos, tu mente enciende ordalías
Sobre las aguas que el azar agita.
Vas haciéndome nacer –y el consuelo
De una vida anterior a la penumbra
Reina ahora sobre mí: es tan temprano
Para el sol, para la paz, para el duelo,
Que sólo queda la senda que alumbra
Tu estela casual de bruma y verano.


IX.- EPIFANÍA

La penumbra se rasgó solamente
Cuando tu luz clausuró la distancia
Que nos hería, y fue el insólito
Fulgor de tu susurro –lo recuerdo-
El que obró la Suerte y la maravilla.
Noche tras noche te volviste cierta
-Y contigo, las Horas se encendieron
Y rodearon los cuerpos y las formas.
¿Hasta cuándo tus pasos serán otros
En la lejana quietud de los días
Que se atropellan ardientes y vastos?
Ayer heriste de muerte las sombras.
Hoy apareces radiante en el mundo.
Mañana sé que traerás tu risa...


X.-TRANSMUTACIÓN

Nunca has aquietado la cadencia
De las aguas esquivas del Destino.
Nunca has hilado una breve estela
Tras el crepúsculo. Nunca has sembrado
Tu nombre. Pero la música viva
De los astros ha aliviado tu mente
Por el día, y el desierto te elige
La doncella de su azar y su hondura.
Tal vez sea cierto que la mañana
Ahora protege el rubor que ofrendaste
A la penumbra dorada del siglo;
Y una alquimia fugaz te precipita
A la región en que ya no hay destino
Que funde el imperio de lo distante
(fin. 12-III-’04 –online!)




XI.- FUTURA

Si agrietas el instante en su tersura
-Si crispas, si anudas otras ausencias
A tus lágrimas, si hiendes olvidos
Hasta ceñir el día aún ninguno,
Fugaz, a cada escombro; si maldices
El lento derrumbarse de la Tierra,
Si partes, si ciegas hoy nada alado,
Si bañas en tu nieve los azares,
Arrojarás abismos a mi alma
Con el herido gemir insurgente
Que ya no ve el nadir en la penumbra.
Luces cansada. De todo reposas.
Y en la arboleda hallarás un aliado
Si callas atenta tu sed de montañas.
(2/3-V-’04)


XII.- SUSURRO

Es siempre este errar el que te trae,
Mágica Circe de rojas estelas.
Es esta partida que nunca vuelve
La que se lleva tu nombre y tu manto.
Cederé entonces un cuerpo que he sido
A las orillas secretas y en celo
Donde la muerte esquiva sus pasos
Hasta plegar el rumbo de la vida.
¿Presientes, en tanto, palabras ínfimas
De un amor alumbrado por centauros
Enredarse con afán en tus oídos?
Una lenta suavidad ha triunfado
Sobre el latido cruel que era tu cárcel
Y te ha devuelto la rosa y el fuego...
(5 – V – 04)




XIII.- RETRATO

Naciste para alumbrar este rumbo
De penurias, indómita Atenea
Soñadora de inviernos. Escogiste
Memorias apenas arduas en el éxodo
Tenaz de tus aliados, y renovaste
Tu sed en tus heridas –asediando
La paz hasta hallar el sol en su vientre.
Y fuiste súbita, alada, salina...
Pero de playas abiertas al tiempo,
Ya con tu silencio, ya con tu magia,
Arrebataste una música cierta.
Una cadencia de llamas y siglos.
Hasta volar, albergarás al viento,
Siempre fugaz, incendiarás las aguas.
(17-V-’04)


XIV.- DEL PERFUME

Tan otra reinaste, tan hondamente
Leve entre los astros y las sombras,
Que tu caricia bordó soledades
Y tu mirada rasgó cielo y brumas.
Altiva diste tu llama a las eras
En que nada había –sino mi tiempo
De muertes orlado, de grietas herido,
De tempestades apenas sirviente.
Hoy en tu música vuelves hermosa
La prisa casual, lejana a los sueños
Y a la marea que viene en tu busca.
Puentes abruptos, insólitas sendas
Ahora traen hacia aquí tu paso
Que ya no huye –que tiembla y no cae...
(19-V-’04)


XV.- ILUMINACIÓN

Días en torno del lago. Murallas
Solares. Embelesadas cerezas.
Al borde de la penumbra, pendientes
-O una piel única, o un arcano.
Quietud y fulgor. Halo contra vórtice.
La gema inicial, el arco ya tenso.
Mañana por mía abierta a tu llanto.
Tu llanto de fe. Tu fe siempre presta.
Desde la nieve por siempre el reflejo
De rayos indemnes al Hado inmunes;
Desde tu alma, la noche y sus ángeles
En exilio fiel hacia los Infiernos.
Al fin el Sol y tu risa clara
Como una lluvia de luz y rubores...
(19-V-’04)


XVI.- AVENTURA

Al verte sellar azules helados
Espero sumir la tarde en tus ojos.
Al darte mi voz invoco tu pena
A alzarse áurea contra los cielos.
Al arroparte de nubes escucho
Gemir este viento como una súplica.
Al esconderte en mi isla sin nombre
Sólo consagro tu luz a mis días.
Y cuando pliegues acaso horizontes
Hasta velar al azar nuestro rumbo
De soledades y tierras perdidas,
Recordaré cada vez en que, intrépida,
Habrás errado por la espesura
Donde es hoy ya la tumba del ocaso.

XVII.- HECHIZO

Orfandad de la piedra – das comienzo
A la sinuosa fiebre más altiva,
Porque el gemir aborrece los surcos
En que la Furia reinó para nadie.
Las fronteras han sido ya moradas
Sólo sensibles al horror y a su prisa,
Pero tu alma abre su júbilo
Sólo fatal a la vera del linde.
Te recibo por ello tan extraña
A la sonrisa núbil y a su jade
Como a la voz fatal de la inocencia.
Magias solícitas ornan el sueño
Velando grietas y urdiendo un goce
Que nos reúne en tiempos de ceniza...
(26-31/V/2-VI/04)




XVIII.- CEREMONIA

Crees amarme creando presencias
En torno del alma que no he tenido.
Ves en mí lenta trepar otra vida
Que la que muda ante Dios sus escamas.
Osas asir esta mano que esculpe
La hermosura a la luz del desmayo;
Y traes aquí lo que allá cae
Para yacer entre tanta alegría,
Apenas una. Ni mella hará, sabia,
La luna que existe sobre este valle,
En cada huella y en cada reliquia.
Todo esto es cierto. Ciertos ofrendamos
Una mañana a la tierra, servimos
Al silencio, volvemos a las llamas
(2-VI-‘04)



XIX.- NEVADA

Torrente –en esa aurora que regías,
Anterior a la penumbra y al caos,
Acechándome presa del esquivo
Florecer, extraña- que hoy ya cae,
Deshaciendo más bruma que rompientes,
Ante el adiós ciego que no retorna;
Sólo late, milagroso, sin súplicas,
Al abrevar en él lo que es eterno...
Pienso quizás en épocas y cielos
En que tu piel ufana alumbraría
La soledad de un único poniente.
Abarca, al volver, al fin el mundo...
¡Sea tu luz abierta a mi plegaria!
¡Sea tu alma abrigo de mis días!
(23-24 / VI / ’04)


XX.- TUYO

De silencios se construye tu risa
Hasta agotar el Limbo y sus sollozos
En el perdón entreviste la sombra
Que solamente herirías sedienta
De nombres y de olvidos. Otra nieve
Se desliza por el prado, otra lluvia
Recupera nuestro tiempo. Te vistes
Entre tanto con las últimas sedas
Del poniente. Das hoy tu luz, alivias
Esta pena que el cielo ya no cree
Posible, deshilas cada instante
Desde que el fuego persiste en su hechizo
De refugiar más abismos que luces
En que habitar el amor tan urgente.
(1-VII-’04)


XXI.- SATURNAL

Desierto de pasos y de lamentos,
Vuélcate ya sobre mis manos ciegas.
Turgencia habitual de nieblas extintas
Cunde final hasta abreviar mi rumbo
Niña presente, tu horizonte encierra
Cada una de mis noches y mis simas.
En nada creo más que en tu delirio
Cuya profana lumbre se derrama
Sobre este témpano, sobre esta suerte.
La letanía apresa nuevas albas
Al asediar el lago de tus besos...
Horas inútiles, en tanto, surcan
El esplendor lunar de este dominio
Con la avidez que circula los sueños...
(6-VII-04)


XXII.- LO SUSURRADO

Constrúyeme de piedra y no concibas
Sino la lenta piedad de lo cercano,
Que fulgura. Sólo ciertos presagios
No vacilan, sólo eternamente...
Suspira sobre mí la luz inmensa
Cuya pasión extravía las horas;
-Y, además, enciende cada crepúsculo
Con el errante gemir de los árboles.
La soledad expande estas orillas
Y abandona la prisa y el llanto
Mientras el día se apresta a mecerte.
Tanta ceniza acude presurosa,
Que te repito palabras heridas
Ante el rojo milagro del Oriente.
(6/7-VII-04)


XXIII.- DE LA VENIDA

Emigra –o continúa la diáspora
De rondas, como irradiando futuros
Y peligros, así como leyendo
La piel atormentada de las aguas...
Aquí los silencios urden tu nombre,
Que es claridad de pasos y de exilios.
Aquí los mantras sellan un sepulcro
Donde las flores celebran el Este
Más encendido. Basta que murmures
Un último oráculo, que entre brisas
Evadas otra pena, que el hallazgo
De la fe –siempre tardía- te embriague
Para que brille en mi espíritu el gesto
De tu venida fulgente de azares...


XXIV.- SELENE


Das a mi siglo su cuerpo y su tierra,
Doy entre tanto tu forma a mi océano.
Peligros y días urden un Año
Sin calendarios y sin agonías.
Turbas el ígneo gemir de las rosas
Inaugurando la fe en nuestra pena.
Creo casual el umbral del poniente
Que nos hospeda pasados y vivos.
Asaz incierta tu boca pretende
La claridad alerta del susurro
Que nada cede de paz a tu risa.
Creo ya verte. Rescato dorada
La luna aullante de los inicios,
La luna que vela sobre los márgenes...
(9/13-IX-04)




XXV.- DONACIÓN

Arriba, las estaciones, su polvo,
La marcha de los días hacia Tebas.
Abajo, las eras, siglos abruptos,
El bronce congelado y la osadía.
Batallas incesantes se bifurcan
Tras el velo raído del ocaso.
Lentitud en la lluvia. Trascendencia.
Rapsodia fugaz, sigilo crujiente.
Sólo nos une nuestra memoria
De soles ardiendo como un milagro.
Llevándonos cerca de lo perdido,
La luz escapa –las sombras se quedan,
Y si cobijan el cuerpo que somos
Es que la Noche nos dona una vida.
(9/13-IX-04)


XXVI.- INMORTALIDAD

La Gracia fecunda la mudez helada
De los bosques, en que tus pasos celebran,
Una vez más, el equívoco jade
De las estrellas hartas ya de abismos;
Y en cada paso la tierra se marcha
Para volver a sí misma y sin nombre,
Como la lluvia que quiebra la ausencia
Sin olvidar el ayer y su espanto.
De cada cielo traerás un día
Y de cada día harás un refugio
Que sólo envuelva la sed en su música.
Nada perece en la luz -es cierto
Que no hay ya sombras en el destino
Que nos ampara fiel hasta el silencio...


XXVII.- DE LA PASIÓN

Las manos atrapan, entumecidas,
Una mirada. Los ojos se agrietan,
Ensombrecidos, ante el océano.
Los pasos se hunden en su certeza.
Turbia la llama se vuelve y con ira
Rodea la ruda piedra de nuevo.
Las uñas hieren el ávido barro
Con que los dioses celebran el Tiempo.
De cada súplica volcar apenas
Una luz ínfima sobre el latido
Nunca sereno de nuestra inocencia.
Tanta frontera aprisiona los años
En que los cuerpos se ignoran y extrañan
Aunque las almas se amen a gritos.
(24-I-’05)



XXVIII.- ACASO...

Las calles se atropellan o se enciman
Al acercar el confín a la senda
Que nos escucha –que nos cela incluso
Del eterno fulgor que nos inspira.
Nada hay inmóvil. O tal vez el hallazgo
De la flor encarnada como ofrenda
Que crece hecha de luz y no cede
Sus pétalos al Leteo. Soñamos
Acaso orantes ese verbo libre
De la penumbra vasta y del helado
Gemir de las voces -verbo o latido
Que tiembla gozoso sobre las aguas...
Somos en él una voz, un susurro,
Una música ascendente y dorada.
(20-II-’05)



XXIX.- INICIO

Cresta de la aurora, abierta de prisa
A la mirada fresca del relámpago.
Grieta fugaz, desolación efímera
Que sin embargo vuelca tras eclipses
Una hiel aluvial. Órbita ruda
Para la rueda rubí ya sin Norte
-La rueda solar otra vez herida
Por el témpano lento de la desgracia...
De penas casuales siempre certeras
Hemos sembrado la fe y el destino
Sólo conscientes del mar agitándose.
De luces osadas hoy iniciamos
Una avenida que roe las sombras
Hasta asediar el Oriente del mundo...
(27/28-II-’05)



XXX.- LAS FLORES

El alféizar anuncia la suavísima
Mano que deshará vanos hechizos
Y transparencias -la mano que tuerza
La hosca pendiente de cada lluvia,
La mano originaria de crepúsculos
Encendidos... Las flores extrañan
Ese roce fugaz y esa caricia.
Su propio futuro ya les es dado
Como un invierno de brisas plácidas
Y de balcones ausentes. El rocío,
Sin herir en nada su aura, pronto
Desliza por las hebras ateridas
Una breve estela de luz. Es cierto,
Muy cierto que esta mañana te busca...
(2/3-III-’05)


XXXI.- SENCILLEZ

Los trazos son éstos, sabios y trémulos.
El tiempo los ha grabado –sin prisa,
Casi tentando grafías y márgenes
Y relieves osadamente llanos.
Serenidad dorada. Cauta Némesis.
Inmaculada bajeza del Cielo.
Arrobo y premura y traición y vértigo.
Ocasos sinuosos en eras inertes.
Sus aristas celebran el eclipse
Nunca augurado de polvo y reliquias
Hasta alejar el horror antes sumo.
Bosquejaré sólo voces herméticas
Alabando tu nombre. Daré gracias
A los astros. Te invocaré sencilla.
(3-III-’05)




XXXII.- PARAÍSO I

Ven a la luz, a la tierra celeste
Que se expande, a la región inmensa.
Aquí la vida transita preciosa
Deshilachado ya su terciopelo.
Trepa la abrupta muralla del día,
Grita la súplica más acerada.
Nada retiene en el viento que brilla
La travesía que lleva a la hoguera.
De lagos hundidos se acercan ángeles
Ensimismados en música altiva
Para arropar un pasado sin ecos.
Somos el loco gemir enredándose
En cada aurora y en cada abismo
Para cantar noches, nieves y arcanos.
(3-III-'05)


 XXXIII- ILACIÓN

Refiero –hoy cercada tu osadía
  Por anillos solares y venturas-
  La fragante elegía que tentaba
  Cada alma al errar entre presagios.
  Sólo distante exploro la palabra
  Que escondieras ayer en tu cintura;
  Sólo caído describo silencios
  Ahora nombrados, mañana idos.
  En torno de este ruego me sonríes
  -Aunque la sed, insensata, se extienda
  Como una llama a la vera del Limbo.
  Y es entonces –si entonces algo oculta-
Que herimos esta pena desatando
  La cadena que el adiós imponía...
  (14-III-’05)




XXXIV.- ARCAICA


Date vidas anteriores al fuego
Y a la magia prístina de los astros.
Si es de la roca que emerge el averno,
Si la memoria transita las ciénagas,
Date casual el auxilio sagrado
De cada runa, de cada colina,
Mientras el sol estremece el embrujo
Con que revives umbrales y ofrendas.
Entre reliquias ahora descubres
El arte futuro de la tristeza
Ante el espejo también encendido.
Date de pronto la plácida suerte
De que tus manos hilen el reflejo
Que la penumbra ha atesorado...
(.../16-III-’05)






XXXV.- HECHIZO


Vuela hacia nunca –los pianos saben
  Esa vigilia muda que nos iba
Cubriendo, como un polvo sin época,

Sin humo, sin lados; sólo rendido.

Vuela hacia tanto –lo que cautivas
  En ofuscadas sendas aún áureas
  Ya precipita pasos sobre pasos
  Oscureciendo la fe y el peligro.
  ¡Que tus alas sepulten el embrujo
  Tan excelso del estío infausto!
  ¡Que tu única suerte te sonría
  Al asomarse regia! Vuelas otra
  Que tu imagen, otra que tus idas
  -Otra luz hunde tu mente en su brillo.







XXXVI.- RENACER


Notar en el páramo la presencia
 De los dioses –su júbilo templado,
 Su crédula marea de peñascos
 Sobre el altar aterido, su mueca;
 Seguir en el viento la muerte fresca,
 La voz embriagante, el timbre del rayo,
 La salva de exilios hacia los prados
 En que las almas aun hilan ofrendas.
 Errar y arar esta muda tierra
 Al creciente latido de la roca
 Y al incesante gemir de los Manes;
 Sembrar en la luz, saciar el olvido,
 Verter el oro ya sobre la hierba,
 Tramar ufanos la nueva alegría...
  (...23-IV-’05)





XXXVII.- ODISEA

Una ronda de nombres y conjuros
Hoy acecha la quietud en que se mece
Aquella voz en que el trueno trazaba
Sendas insomnes, ecos encendidos.
De tanta luz he tramado una suerte
Que puedo sentir el galope roto
De los espíritus ahora libres.
En la llovizna talvez azorada.
Supe nombrarte con verbos ocultos
Y refugiarte en caricias inmensas
Como la noche que hiere esta nave,
Mientras las olas agitan su espuma
Alrededor de la pobre mirada
Donde tu rostro persiste en las huellas...
(21-VI-05)





XXXVIII.- INVIERNO

Mi voz es la tuya. Mi piel asevera
La levedad del olvido y su marca.
Tus puentes habitan el prado naciente
Donde la música recita vientos
Y llamas. El tiempo no conmemora
Más que la pálida mueca de los astros,
La que aún se eleva sobre este bosque
Donde el invierno se torna aquelarre.
Cuánta prisa rasga nuestra penumbra
Cuánta niebla acuna aquellas almas
Que la distancia nos sueña haber sido.
Pliégase regia la Sombra, cansada;
Su pudor ahuyenta plegarias y cielos
En los que tanto sembramos un día...
(21-VI-05)






XXXIX.- LLUVIA


En estos cálices se han ocultado
Los sueños esquivos que ayer auguraban
Una perfecta ilusión al abrigo
De la vertiente de ruegos y risas.
Tras esta paz el instante desata
Las soledades en nada recientes
Y la mañana se anuncia, doncella
Que sólo grises teje decidida.
Presiento calles abrirse por obra
De una carrera de pasos silentes
Hacia la boca de todos los fuegos.
Nadie comprende el arte generoso
Con que el rocío bautiza la tierra
Que nos ofrece sus últimos sitios...
(21-06-05)






XL.- ETERNIDAD


Todo lo eterno se hace presente
Con el embrujo gris del equinoccio.
Las hojas sepultan el tiempo vano
De tantos vuelos y tantas heridas...
Todo lo joven enreda sus hebras
En el regazo sin fe de la aurora.
Nada devuelve su sol a la vida
Que marchaba radiante entre nosotros.
Época muda de rastros hundidos
En las arenas de un sueño que trae,
Con su penumbra, azares y promesas.
Nuevos milagros acechan el puerto
Donde los vientos celebran el paso
De las almas a través de los días
(22-VI-05)




XLI.- RETIRO

Previa a la luz, esta visión se agita
Como si acaso temblara de pena;
Una caída sepulta los años.
Una ventura serena los siglos.
En incesante gemir el legado
De vidas antiguas evita a los dioses
El deber equívoco de la furia
Y el horror impune de la mirada.
Podría asediar estas formas ciertas
Hasta intuir el exilio que surque
La claridad allende cielo y lágrimas.
En cada roce el olvido fulgura
Como naciendo de playas heladas
En que el océano rinde sus olas.  
(.../16-VIII-05)




XLII.- GÓLGOTA

Precipitándome en extrema nada
Aún habito tu nombre y sus fases,
Tu piel gemela, tu huella tibia,
Tu voz alada de roja meseta.
Inquiero insomne los signos umbríos
Sobre la costa abierta a los pájaros.
Augurios quietos se ciernen ahora,
Vasta amenaza, cubriendo la vida
Que nos espera. Talvez extrañarte
Encendiese el día, cuando la gracia
De esta tristeza fuese mi lumbre
Y mi intemperie. Tu cuerpo se queda,
Pero en el sueño que trae el amparo
De nieblas heladas y cruces nítidas.
(16-VIII-05)






XLIII.- LUNA

Nueva. Cascadas eternas ahogan
El paso de tus criaturas sagradas
Y tus sacerdotisas. En el bosque
Nada se mueve. Vienes a habitarlo.
Creciente. No hay fuego que iguale
El tenue beso de tu luz de plata
Abriéndose paso por la espesura.
Reinas lejana, vences sorprendida.
Llena. Así la mirada te roza.
Esa mirada que supo ser mía
Te busca. O yo busco esa mirada
Para que vuelva a ser mía contigo.
Menguante. El horizonte cobija
Tu estela. Sigues amando la noche
Con la blancura audaz de tu cuerpo.
(16-VIII-05)






XLIV.- ESPERA


Reías. Ayer era el sol y era el mundo.
Ayer la llanura abría su verde.
Ayer ofendías al arco iris
Con un espléndido rayo del alma.
Volvías a todas partes huyendo
Con el destino, fugaz, en tus labios.
Donde escondías silencios hundías
El infinito candor de tu suerte.
¿Qué traerás a mí, rauda viajera
A quien las sendas susurran augurios
Y graves cifras de incautos grimorios?
¿Qué ofrendarás a la pasión herida?
¿Qué rendirás a la fina memoria
De aquella lluvia con la que llegaste?
(16-VIII-05)






XLV.- INVIERNO


Puedo –y es afín a la locura
Mi poesía- deshacer oráculos
Y súplicas; puedo también amarte
Sin abismos. Puedo colmar la siesta,
Que se presume encinta. Demasiada
Vida se derrama sobre el efímero
Fulgor en que te muestras, y presiento
La intrépida vuelta de tu piel leve.
Oh, demencia auroral, honda y esquiva,
Puedo invocarte con fe de piedra
A cada instante en que ya no nieve.
Porque este sur –que mi temblor ansía-
Tiene ya múltiples soles ardiendo
Mientras aquí luz y sombra se extinguen...
(16-VIII-05)








XLVI.- FUTURO


La última rima florece muda;
Lleva tu forma, vela tu prisa.
Ella te escucha dormir en la hierba;
Llora en tu pecho, cree en tu mirada.
Apenas rasga tu seda preciosa
Con una música que tú tejías;
Y en el crepúsculo plañe doliente
Sin agotar el oro de su pena.
Qué extraña se torna hoy la tarde
Y qué perdida me llega tu sombra
Y qué callada tu promesa antigua.
Quizás un día nos dé su ceniza
Para verter sobre aras insomnes
En que el amor irradie nueva vida...
(16-VIII-05)





XLVII.- NOSTALGIA


Restituye la sed a la inocencia
Con la pasmosa piedad de lo único,
Que entreviste; inmóvil en el aire
Tu vuelo se deshiela, se esconde
De la brisa y de algún ave encerrada,
Sin norte. Todo lo que existe es lento,
Como una vida que prende su curso
Con leña áurea -demasiado ciega
Para los hombres, demasiado muda.
Quiero habitar el recuerdo incauto
De la rompiente que muere en la piedra
Para abdicar de los cuerpos sombríos
Y venerar el velado momento
En que los nombres se estrellen en tu alma.
(.../25-XI-’05)




XLVIII.- RETRATO

El tiempo, como un carro de radiantes
Aristas, se eleva hacia la tormenta
Más próxima y la rodea, sin prisa
Y sin espanto, casi tristemente.
Todo lo que hemos sido nos extraña.
Tu rostro todavía aquieta mares
Encendidos, y, en verdad, el legado
De mis súplicas arriba al futuro
(Aún agotado, de tan esquivo).
Piedras únicas, soles adorados
Por esclavos y eremitas, se lee
En su interior escenas de otros fines.
Tus ojos han traído un dios a la tierra
-Y con él, la era de los instantes...
(25-XI-’05)




XLIX.- ECOS

¿Qué queda de la vida? ¿Qué perece?
¿Qué se oculta a la ira del Arquero?
¿Qué nos sugiere el verdear ufano
De la ladera? ¿Qué nos ilumina?
¿Qué resplandece tenaz en las márgenes
Asaz abiertas a luz y susurros?
¿Qué decide la caída y la aurora?
¿Qué entreabre el cielo y tus labios?
¿Qué, de lo que tiembla, puede rogarte
La última mirada al fuego límpido
De las ofrendas? ¿Qué, hilar tus días?
¿Qué debo yo transformar en el mundo?
¿Qué develar, qué construir, qué soñar
Allende el océano y la distancia?
(25-XI-’05)





L.- DESEO

El espíritu rueda hacia tu sombra.
El calor hunde sus raíces secas
En la ceniza. Ves este deshielo
Prolongar el desamparo. Conspiras.
Otra planicie espera a los dioses.
Otro milagro cunde, revivido.
Llevo tu piel a cuestas. Sé tu paso.
Sé cada viento que raptas al día.
Nada hay entre las cosas, excepto
La ruta brillante que une las flores
Atesorando venidas y limbos.
En el deseo de verte te escucho
Desde la hondura celeste del lago
Atar tu luz a un reflejo caído...
(25-XI-’05)






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